Albaola, la gran factoría marítima vasca

Albaola es un museo vivo. Es un espacio ubicado en un antiguo astillero del puerto de Pasaia donde se realiza una réplica de un galeón ballenero del siglo XVI, la nao San Juan. Una nave transoceánica de tamaño mediano: con 25 metros de eslora y 7 de manga, 3 cubiertas y 5 botes balleneros, que precisaba de una tripulación de 60 hombres.

Los trabajos de reconstrucción de este prodigio naval de la época se realizan de cara al público desde 2014 y se pueden contemplar en una visita guiada. A través de esta labor se está recuperando la tecnología marítima artesanal y se están reviviendo oficios de antaño.

Gracias a la contextualización histórica del ballenero que se realiza en la misma Factoría Marítima Vasca, los visitantes conocen además las claves que explican el desarrollo del País Vasco en aquella época dorada para su economía.

Los vascos lo empezaron. Esta frase pronunciada por el presidente estadounidense Thomas Jefferson en 1788 hacía alusión a que algunos siglos atrás los pescadores vascos descubrieron al mundo “conocido” de entonces la caza industrial de ballenas.

Otros pueblos como los inuits ya lo hacían antes, pero los balleneros vizcaínos, gipuzkoanos y los de la costa labortana convirtieron esta práctica en la primera actividad industrial de América del Norte.

Nao San Juan. Este galeón fue uno de tantos balleneros vascos que surcaron el Atlántico desde Pasaia hasta la isla de Terranova, hoy en Canadá, en busca de estos enormes mamíferos que acudían allí desde el Ártico para alimentarse y reproducirse. Y es que la grasa de ballena era una gran fuente de riqueza para el País Vasco. Se convertía en aceite para alumbrar las lámparas de buena parte de Europa. Los marineros soportaban estas travesías gracias a la sidra, que les libraba de padecer escorbuto. Lo que en aquella época era una bebida de primera necesidad para estos grandes expedicionarios, hoy es una popular bebida vinculada a una esperada tradición invernal en el País Vasco.

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En 1565, cuando estaba lista para volver a Pasaia cargada con casi mil barricas de aceite de ballena, una fuerte tormenta hizo naufragar a la nao San Juan. Por fortuna, no hubo víctimas que lamentar y los miembros de la tripulación pudieron volver sanos y salvos a casa en otros balleneros.

Más de 400 años después, en 1978, un equipo de arqueólogos canadienses encontró el pecio a diez metros de profundidad en las inmediaciones de la localidad de Red Bay. Estaba muy bien conservado gracias a la baja temperatura del agua y a que le protegía una gruesa capa de fango y piedras.

Lo investigaron durante más de 30 años en labores que se califican de ejemplares, y es por todo ello que la nao San Juan se convirtió en el icono que simboliza el Patrimonio Cultural Subacuático de la UNESCO. El pecio sigue bajo el agua, protegido y monitorizado en un entorno estable para su conservación. Mientras tanto, y gracias al conocimiento exhaustivo que hay de la estructura y los materiales del galeón, en Albaola realizan una réplica exacta del mismo, con los mismos materiales trabajados de igual manera que en el siglo XVI.

Entre otros elementos, tiene una quilla de haya de casi 15 metros, y mástiles y vergas provenientes de 20 abetos, así como una estructura realizada con al menos 200 robles que han brotado con formas específicas para ello. Toda la madera ha sido extraída de bosques del entorno. Principalmente de Navarra: del valle de Salazar y de Sakana, aunque también de Gipuzkoa.

En definitiva, se trata de un ilusionante proyecto privado que cuenta con el apoyo de instituciones públicas como la Diputación de Gipuzkoa, el Gobierno Vasco e incluso la UNESCO. Cabe destacar también la colaboración de medio centenar de empresas y de numerosos voluntarios. Entre los planes previstos, destaca la travesía de la nueva nao San Juan hasta donde antaño se hundió la embarcación original. Sin duda, atravesar el océano Atlántico en el siglo XXI con un barco con características propias del siglo XVI será todo un hito para Albaola.

Sin embargo, la Factoría Marítima Vasca ya ha logrado hasta ahora un gran objetivo, que es el de poner en valor el patrimonio marítimo vasco. No hay más que ver el éxito de los apoyos que ha concitado y las numerosas visitas que recibe: 250.000 desde que abrió en 2014 hasta 2019.

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